Mis comienzos en Mac

Como muchos de vosotros ya sabéis, llevaba tiempo detrás de conocer de cerca del mundo de los Mac. Así que tras dar el tostón a unos y a otros pidiendo consejo, la semana pasada me hice (de manera totalmente impulsiva, lo reconozco) con un iMac de 20 pulgadas.

Dejando aparte los detalles estéticos de la máquina, lo que más me ha gustado es, sin duda, el sistema operativo.

Bajo las toneladas de interfaz gráfica que nos ofrece Leopard, tenemos todo un señor BSD dispuesto a dejarse exprimir a tope. Por si no conocéis la historia, OSX está derivado de Nextstep que, desarrollado a partir del kernel Mach y de BSD, está considerado como uno de los mejores sistemas operativos jamás escritos, pese a haber nacido a finales de la década de los 80.

Además de tener al alcance de la mano una gran cantidad de paquetes de software libre gracias al proyecto Fink, mi mayor alegría ha sido comprobar cómo todos los scripts que utilizaba en Linux siguen funcionando sin problemas en este nuevo “sabor”. De hecho, ya tengo todo mi entorno de desarrollo completamente migrado a la nueva plataforma y un día después de desempaquetarlo ya estaba programando sin problemas (al menos sin problemas graves)

Y es que por fin me he encontrado con un UNIX que cumple todas mis expectativas tanto por la parte software como en su trato con el hardware. Quien se haya tenido que pelear con Linux a la hora de usar algún hardware con soporte experimental sabrá por qué me alegro.

Pero no os voy a engañar. Aunque trabajar “por debajo” es una delicia y no se diferencia en nada a lo que ya conocía, la mayor parte del tiempo nos la pasamos utilizando la interfaz gráfica y ahí es donde tengo más problemas. Tras más de 14 años utilizando otros sistemas gráficos, cuesta un poco de trabajo habituarse a trabajar con un único menu superior, con el dock y con alguna que otra peculiaridad del sistema.

Un último apunte. Si, como yo, sois amantes de los atajos de teclado, con OSX vais a disfrutar de lo lindo.

Ya os iré contando :)